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Crónicas de StarCraft Episodio 9: Las puertas de Antioquía y la mano del exiliado

Capítulos de esta historia
  1. Fenix viviente y el Ejecutor defendiendo Antioquía en Aiur
  2. La cruel elección entre la purificación y el rescate
  3. La ciega sospecha del Cónclave y Aldaris
  4. El héroe caído y el caparazón de acero
  5. La alianza forjada bajo el cielo ceniciento de Char
  6. Los exiliados que surgieron de las sombras
  7. Una operación de rescate más allá de los viejos rencores
  8. Las heridas de Aiur y la profunda división
  9. Documentos consultados

Esta es una nueva narrativa de fans basada en los eventos originales. Las emociones de los personajes, los diálogos y la atmósfera de las escenas han sido reconstruidos, e incluye los desenlaces principales.

Fenix viviente y el Ejecutor defendiendo Antioquía en Aiur

Ilustración recreada por IA: Fenix defendiendo Aiur junto a civiles Protoss heridos.
Ilustración recreada por IA: Fenix defendiendo Aiur junto a civiles Protoss heridos.

El cielo de Aiur ya no era dorado. El hollín y las nubes cenicientas se cernían pesadamente sobre los templos de Antioquía. El Ejecutor contemplaba con semblante sombrío, a través del ventanal de observación, a la horda Zerg que avanzaba sin cesar. La tierra se pudría bajo un horrible biomanto, y en la periferia de la línea defensiva solo destellaban los fogonazos de las explosiones.

En la vanguardia del frente se alzaba Fenix, el guardián de Antioquía. Las hojas psiónicas de color azul que brotaban de sus manos eran como el único faro de esperanza que brillaba en la oscuridad. Al ver aproximarse a los hidraliscos, Fenix saltó sin vacilar hacia las filas enemigas. Cada vez que sus hojas surcaban el aire, las bestias Zerg caían partidas en dos.

Sin embargo, el número de enemigos era abrumador. Sobre los cadáveres de los Zerg caídos, nuevas oleadas se precipitaban sin cesar, aplastando la línea defensiva de los Protoss. Los fanáticos luchaban hombro con hombro en una resistencia a muerte, pero caían uno a uno bajo las garras y los colmillos. El Ejecutor apretó los dientes al sentir en carne propia, a través del Khala, el dolor de sus hermanos.

En ese momento, la indomable voluntad de Fenix resonó a través del enlace del Khala. Su mente, desprovista de todo temor, ardía con fiereza únicamente por el deseo de proteger su hogar. Fenix acudía de inmediato a cada brecha donde la línea defensiva flaqueaba para contener la ofensiva enemiga. Su mera presencia era el pilar que sostenía el espíritu de los vacilantes soldados.

El Ejecutor respondió a la lucha de Fenix emitiendo órdenes tácticas inmediatas. Los altos templarios se posicionaron sobre las murallas para desatar poderosas tormentas psiónicas, cuyas nubes de rayos barrieron a las hordas Zerg causando estragos masivos. Los proyectiles de antimateria de los dragones derribaron a los mutaliscos que oscurecían el cielo, aliviando la presión sobre las fuerzas terrestres y manteniendo la formación.

Fenix blandía sus hojas con ferocidad, como si hubiera olvidado el cansancio. Cuando un enorme ultralisco arremetió protegiéndose tras su grueso caparazón, él esquivó hábilmente el golpe mortal con un giro preciso. Al instante siguiente, la hoja psiónica de Fenix atravesó limpiamente el robusto cuello de la bestia, que se desplomó con un estruendo colosal. Su destreza en combate inspiraba una profunda reverencia.

But la alegría de la victoria fue efímera. Más allá del horizonte, se divisó una nueva horda Zerg que irradiaba un fulgor rojizo, avanzando como un tsunami. Al ver los puntos rojos que saturaban la pantalla táctica, el Ejecutor sintió un frío escalofrío recorrerle la espalda. Los Zerg eran un ejército perfectamente coordinado y sus recursos parecían inagotables.

A pesar de respirar con dificultad, Fenix transmitió su firme determinación al Ejecutor a través del Khala. Sabía muy bien que Antioquía era el paso hacia el corazón de Aiur y que, si caía, no habría futuro para su especie. Fenix juró defender las murallas hasta su última gota de sangre, y el Ejecutor desplegó todas las fuerzas de reserva en el frente.

La cruel elección entre la purificación y el rescate

🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Fénix se encuentra ante un Cerebrado Zerg que pulsa y se regenera en el campo de batalla cubierto de biomasa de Antioch.
🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Fénix se encuentra ante un Cerebrado Zerg que pulsa y se regenera en el campo de batalla cubierto de biomasa de Antioch.

El flanco derecho, el más vulnerable de la línea defensiva, fue finalmente destrozado por la feroz ofensiva Zerg. Cientos de zerglings irrumpieron a través de las brechas de la muralla derruida, desbaratando la formación en un instante. Los fanáticos quedaron aislados, rodeados por enemigos que los atacaban desde todas direcciones, y sus gritos de agonía resonaron en el Khala. El Ejecutor, consciente de que la situación empeoraba por momentos, debía tomar una decisión.

En el centro de aquel caos se alzaba un enorme y horrendo Cerebrado que controlaba a la horda Zerg. Latía de forma espantosa, infundiendo una ira y un instinto asesino infinitos en las bestias que lo rodeaban. Los guerreros Protoss intuyeron de inmediato que aquella abominable masa era el origen de la ofensiva. Fenix lideró un escuadrón suicida y emprendió una carga desesperada hacia el Cerebrado.

Tras una encarnizada batalla, la hoja psiónica de Fenix logró finalmente rasgar la gruesa corteza del Cerebrado y destruir su horrendo núcleo. Cuando la colosal criatura se derrumbó emitiendo un alarido de dolor, la horda Zerg circundante perdió instantáneamente el control y comenzó a dispersarse en el caos. Los soldados Protoss vitorearon, creyendo haber aferrado la victoria.

Sin embargo, un espectáculo espantoso se desplegó ante sus ojos. Los fragmentos destrozados del Cerebrado se fusionaron con el grotesco biomanto y comenzaron a regenerarse en su forma original en cuestión de segundos. El Cerebrado resucitado desató una furia aún mayor, reagrupando a la horda dispersa. Ante un enemigo inmortal que revivía sin importar cuántas veces lo mataran, la desesperación se apoderó de ellos.

El Ejecutor se enfrentó a un dilema terrible. Si enviaba tropas para rescatar a los soldados aislados, corría el riesgo de que toda la línea defensiva colapsara; pero si purificaba la zona mediante bombardeo orbital, tendría que sacrificar a innumerables hermanos. La lógica táctica dictaba la purificación, pero la culpa de abandonar las vidas de su propia estirpe pesaba gravemente sobre su corazón.

Fenix percibió la vacilación del Ejecutor a través del Khala y le transmitió su firme resolución. Declaró que no podía dejar a un solo hermano bajo las garras de los Zerg y se ofreció como voluntario para liderar la retaguardia y rescatar a los soldados aislados. Era una misión suicida, pero la mente de Fenix brillaba con una claridad y fortaleza más intensas que nunca.

El hecho de tener que luchar contra un enemigo que resucitaba sin cesar desgastó profundamente la mente de los fanáticos. Los sentimientos de miedo y desesperación transmitidos por el Khala se propagaron rápidamente como una plaga, y algunos soldados comenzaron a temblar con las armas en la mano. Fenix se puso a la cabeza, abriéndose paso entre las hordas enemigas en un esfuerzo por reavivar el espíritu de lucha de sus vacilantes hombres.

El Ejecutor depositó su confianza en Fenix y continuó dirigiendo desesperadamente la batalla para evitar el colapso de la línea defensiva. Movilizó todo el poder de fuego de la flota de reserva para bloquear las rutas de refuerzo de los Zerg y asegurar un estrecho corredor por el cual pudiera retirarse el equipo de rescate de Fenix. La cruel elección entre la purificación y el rescate desgarró el alma de los soldados, mientras la tierra de Antioquía se teñía de rojo con su sangre.

La ciega sospecha del Cónclave y Aldaris

🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Un holograma azul del Judicador Aldaris acusa al Ejecutor en la cámara dorada del Cónclave en Aiur.
🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Un holograma azul del Judicador Aldaris acusa al Ejecutor en la cámara dorada del Cónclave en Aiur.

Antes de que el humo de la batalla se disipara, se celebró una fría y solemne asamblea en la sala del Cónclave. La proyección del Juez Aldaris apareció sobre el estrado, dirigiendo una mirada gélida al Ejecutor. No hubo una sola palabra de consuelo por la tragedia de Antioquía. Aldaris enfatizó únicamente los dogmas del Khala, acusando de que el desastre era fruto de la arrogancia de alguien.

Aldaris condemned enérgicamente las acciones del anterior Ejecutor, Tassadar, quien había partido al planeta Char. Reprochó con vehemencia que Tassadar no solo hubiera actuado por cuenta propia desobedeciendo las órdenes del Cónclave, sino que también hubiera contactado con los heréticos Templarios Tétricos. La voz del Juez destilaba una profunda ira y aversión, afirmando categóricamente que tal traición había desatado la ruina.

El Cónclave temía y aborrecía profundamente a los Nerazim, quienes habían rechazado la luz del Khala y se habían cortado sus propios apéndices neurales. Creían firmemente que el poder del Vacío corrompería la pureza de los Protoss y destruiría la armonía del Khala. Aldaris instigó el apoyo de los ancianos, alegando que Tassadar había abandonado las enseñanzas del Khala al asociarse con aquellos seres corruptos.

Además, Aldaris insistió obstinadamente en que Tassadar era la causa fundamental de la invasión Zerg a Aiur. Su lógica dictaba que, al provocar a los Zerg y librar batallas innecesarias en Char, Tassadar había desviado la atención de los monstruos hacia Aiur. Intentó culparlo de todo, afirmando que la arrogancia de Tassadar había convertido su hogar en un mar de fuego.

Aldaris encomendó al Ejecutor una misión que consideraba más urgente e importante que la defensa contra los Zerg: liderar la flota hacia el planeta Char, arrestar al traidor Tassadar y escoltarlo de vuelta a Aiur. En un momento en que su hogar ardía y su pueblo era masacrado, la orden de retirar tropas para castigar a un héroe de su propia estirpe resultaba incomprensible.

Un profundo conflicto interno atormentó al Ejecutor. El deber de los templarios de obedecer incondicionalmente las órdenes del Cónclave chocaba ferozmente con la lógica del campo de batalla, que exigía proteger a sus hermanos moribundos. Argumentó ante Aldaris que la amenaza Zerg superaba toda imaginación y que debían concentrar sus fuerzas en la defensa, pero el semblante del Juez permaneció inalterable.

Aldaris desestimó de inmediato los argumentos del Ejecutor. Atribuyó incluso la resurrección del Cerebrado en Antioquía a la incompetencia táctica y a la falta de fe de los templarios, sosteniendo que el juicio del Cónclave jamás erraba. La afirmación de que arrestar a Tassadar para restablecer la disciplina era la única forma de superar la crisis sumió el corazón del Ejecutor en la desesperación.

Incluso después de que la asamblea concluyera y el holograma se desvaneciera, el Ejecutor permaneció inmóvil durante largo tiempo. Comprendía con dolor cómo las disputas políticas y las diferencias ideológicas de los líderes podían convertirse en un veneno mortal ante una guerra que amenasaba la supervivencia de su especie. Lo que más oprimía su pecho era la terrible semilla de la división que germinaba en el seno de su propio pueblo.

El héroe caído y el caparazón de acero

🎨 [Ilustración reconstruida por IA] La conciencia de Fénix despierta dentro de un Dragón cuadrúpedo recién ensamblado en una instalación cibernética estéril.
🎨 [Ilustración reconstruida por IA] La conciencia de Fénix despierta dentro de un Dragón cuadrúpedo recién ensamblado en una instalación cibernética estéril.

Mientras el Ejecutor se debatía ante las absurdas órdenes del Cónclave, la situación en Antioquía empeoró drásticamente. Bajo la incesante marea de los Zerg, la segunda línea defensiva finalmente colapsó, y miles de zerglings irrumpieron en el sector. Fenix alentaba a las tropas restantes en una última resistencia, pero sus movimientos se habían vuelto torpes y su armadura estaba gravemente dañada.

Justo cuando Fenix se disponía a alzar sus hojas contra la horda de hidraliscos que se abalanzaba sobre él, las hojas psiónicas azules que brotaban de sus manos perdieron repentinamente su brillo y se extinguieron. Los sistemas de energía de su escudo personal y de sus hojas de distorsión habían alcanzado su límite, descargándose por completo. A pesar de la desesperada situación de haber perdido sus armas, Fenix no retrocedió; continuó una encarnizada lucha cuerpo a cuerpo, golpeando el caparazón de los enemigos con sus propias manos.

Sin embargo, el número de enemigos era demasiado grande para compensar la falta de armas solo con una voluntad indomable. Las afiladas garras óseas de los hidraliscos, que se habían aproximado entre las sombras, desgarraron despiadadamente la desprotegida coraza de Fenix. Fenix hincó la rodilla emitiendo un gemido de dolor, y las bestias Zerg, aprovechando la vulnerabilidad, se abalanzaron frenéticamente para pisotear y despedazar su cuerpo.

Desde la nave insignia, el Ejecutor sintió vívidamente a través del Khala el terrible dolor de la carne de Fenix siendo desgarrada y la agonía de su llama vital extinguiéndose. Una tristeza y una ira devastadoras golpearon su mente, y los altos templarios que lo rodeaban también quedaron conmocionados. Era el momento en que el escudo más grande que protegía Antioquía se hacía añicos.

Una vez que la encarnizada batalla amainó, un equipo de búsqueda Protoss recuperó el cuerpo gravemente mutilado de Fenix de entre una dantesca pila de cadáveres. Su fisonomía estaba tan dañada que resultaba irreconocible, pero sus ondas cerebrales aún emitían una débil señal de supervivencia. Conteniendo su dolor, el Ejecutor lo colocó en una cápsula de estasis y lo trasladó a una instalación secreta.

El interior de la instalación de ensamblaje de dragones, inundado únicamente por fríos ruidos mecánicos, contrastaba drásticamente con el calor abrasador del campo de batalla. El equipo médico transfirió con cuidado el maltrecho cuerpo de Fenix a un tanque central lleno de un fluido de preservación helado. Se acoplaron enormes extremidades mecánicas para reemplazar sus miembros perdidos, y se llevó a cabo una dolorosa cirugía para conectar su red neuronal.

Cuando finalmente concluyeron todas las conexiones, la conciencia de Fenix despertó lentamente dentro del fluido de estasis. Se sintió confundido ante las extrañas sensaciones, pero pronto reconoció su nuevo caparazón de acero a través de los sensores ópticos artificiales. A pesar del frío tacto del metal, su inquebrantable espíritu se mantuvo intacto, asimilándose a la perfección con los sistemas del dragón.

La voz de Fenix resonó en la instalación a través de un sintetizador mecánico. Declaró con serenidad que no era una nueva vida resucitada de la muerte, sino que simplemente vestía una armadura de combate diferente para continuar con su deber como templario. Aunque su cuerpo físico había sido destruido, el Ejecutor le rindió un profundo homenaje ante su noble determinación de proteger su hogar.

La alianza forjada bajo el cielo ceniciento de Char

🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Jim Raynor y Tassadar se paran juntos detrás de una barricada de metal en la superficie volcánica de Char.
🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Jim Raynor y Tassadar se paran juntos detrás de una barricada de metal en la superficie volcánica de Char.

Lejos de la tragedia de Aiur, la superficie del planeta Char estaba cubierta de lava hirviente y ceniza volcánica asfixiante. Tassadar permanecía de pie bajo un cielo de un rojo ardiente, sumido en profundas reflexiones mientras contemplaba los gases sulfúricos que brotaban sin cesar. A su lado, un pequeño grupo de supervivientes Protoss mantenía la formación, resistiendo en silencio en aquel entorno hostil.

Frente a ellos, los incursores Terran liderados por Jim Raynor montaban guardia tras barricadas improvisadas. Sus desgastadas armaduras de combate estaban cubiertas de hollín, y en los ojos de los soldados se reflejaba un profundo cansancio. Aunque pertenecían a especies distintas y poseían creencias diferentes, ante el enemigo común que representaban los Zerg, ambos grupos habían forjado una extraña alianza, confiando plenamente el uno en el otro para proteger sus espaldas.

Raynor rompió el pesado silencio, se acercó a Tassadar y, con una sonrisa amarga, le gastó una broma. Su tosco humor sobre cómo el calor de aquel planeta infernal les permitía calentar sus raciones de combate sin necesidad de encender fuego alivió, aunque fuera por un instante, la tensa atmósfera. Tassadar se sintió intrigado por aquella capacidad de mantener el sentido del humor incluso en medio de la desesperación.

Tassadar expresó su sincero respeto por el asombroso valor y la determinación mostrados por Raynor y sus hombres. Su perspectiva arrogante, que alguna vez había considerado a los Terran como una especie inferior y primitiva, había cambiado por completo tras sobrevivir juntos a aquel infierno. Aunque carecían de una tecnología avanzada, estaban unidos por una voluntad indomable y un fuerte sentido de camaradería, cualidades en las que Tassadar vislumbró el orgullo de los propios templarios.

Sin embargo, la cálida conversación duró poco; una ominosa vibración proveniente del subsuelo puso sus nervios de punta. Los Zerg de Char jamás abandonaban a sus presas, y pronto se divisó a cientos de zerglings levantando nubes de polvo mientras avanzaban a toda prisa más allá de las llanuras de lava. Los soldados Terran corrieron de inmediato a las líneas de defensa, preparándose firmemente para el combate.

Tassadar cerró los ojos y concentró su mente en las corrientes del Vacío. Intentaba evaluar la magnitud de la horda Zerg que se aproximaba, al tiempo que se esforzaba por detectar alguna fluctuación psiónica familiar proveniente de las profundidades del espacio. Incluso en medio de la profunda desesperación, mantenía la firme convicción de que su pueblo no lo abandonaría, y finalmente percibió una tenue firma de energía de la flota.

Raynor leyó el cambio en la expresión de Tassadar e intuyó que se trataba de una señal de esperanza. Ordenó a sus hombres que ahorraran munición y mantuvieran firme la línea de defensa mientras él mismo apretaba el gatillo sin vacilar. El fuego que brotaba de los cañones de los fusiles Gauss destrozó a los zerglings de vanguardia, y ambos líderes se mantuvieron hombro con hombro, plantando cara con valentía a la marea de la muerte.

En medio del encarnizado enfrentamiento, las cenicientas nubes del cielo se abrieron y una enorme sombra se proyectó sobre la región volcánica. La flota Protoss liderada por el Ejecutor había aparecido finalmente en los cielos de Char. El bombardeo en alfombra desatado por los portanaves dorados redujo a cenizas a las hordas Zerg, y Tassadar esbozó una leve sonrisa al mirar hacia el firmamento.

Los exiliados que surgieron de las sombras

🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Tassadar media en un tenso enfrentamiento entre los Fanáticos de armadura dorada y los Templarios Tétricos de Zeratul en Char.
🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Tassadar media en un tenso enfrentamiento entre los Fanáticos de armadura dorada y los Templarios Tétricos de Zeratul en Char.

En cuanto las lanzaderas enviadas por la flota del Ejecutor aterrizaron atravesando la ceniza volcánica, los fanáticos fuertemente armados se desplegaron con rapidez para asegurar el perímetro. El Ejecutor descendió personalmente a la superficie para fundirse en un emotivo reencuentro con Tassadar. A pesar de la desoladora situación en la que su hogar ardía, reunirse con su respetado predecesor supuso un pequeño consuelo. Sin embargo, aquella paz no tardaría en quebrarse.

Aquellos que emergieron como si se filtraran desde la densa oscuridad eran Zeratul y los Templarios Tétricos. Sus rostros estaban cubiertos por máscaras, y sus cabellos, con los apéndices neurales cortados, correspondían exactamente a la imagen de los herejes descrita en los dogmas del Cónclave. Cuando Zeratul envainó su hoja de distorsión y dio un paso al frente en silencio, el aire del lugar se congeló al instante.

Los fanáticos encendieron sus hojas psiónicas por puro reflejo, mostrando una feroz hostilidad hacia los Templarios Tétricos. El odio ciego y el temor hacia los Nerazim, perpetuados durante milenios, dominaban las mentes de los soldados a través del Khala. En una situación tan crítica que amenasaba con desatar un sangriento fratricidio en cualquier momento, el Ejecutor tampoco bajó la guardia.

Aquellos que habían rechazado la luz del Khala para aislarse por voluntad propia. Herejes corruptos que canalizaban el oscuro poder del Vacío y amenazaban la pureza de los Protoss. Esa era la percepción sobre los Templarios Tétricos con la que el Ejecutor y los Protoss Khalai habían sido adoctrinados durante toda su vida. La mera presencia de Zeratul ante ellos hacía tambalear sus arraigadas convicciones.

Zeratul no mostró la menor perturbación ante las miradas hostiles dirigidas hacia él. Con una voz grave y rasposa que no resonaba a través del Khala, comenzó a hablar, explicando el verdadero origen de la Supermente y la esencia de los Zerg. En sus palabras no había engaño ni hostilidad, sino únicamente la urgencia desesperada de evitar la aniquilación de su especie.

Tassadar se interpuso entre el Ejecutor y Zeratul para evitar un enfrentamiento entre ambos bandos. Dio testimonio del valor y la entrega demostrados por Zeratul al asesinar a Zasz, argumentando que los Templarios Tétricos eran la única llave para salvar Aiur. Tassadar declaró que empeñaba todo su honor y su propia vida para garantizar la lealtad de Zeratul, y su mirada resuelta comenzó a disipar las dudas.

En la mente del Ejecutor resonaba incesantemente la orden de arrestar a Tassadar emitida por el Cónclave y Aldaris. Si cumplía la orden, tendría que enfrentarse al héroe y a los Templarios Tétricos; si la desobedecía, sin duda sería tachado de traidor. Sin embargo, al recordar la pesadilla del Cerebrado que resucitaba en Antioquía, comprendió que el poder del Vacío era la única solución real.

Finalmente, el Ejecutor enfundó sus armas y ordenó a sus guardias que bajaran la guardia. Había decidido que la verdad ante sus ojos y la supervivencia de su pueblo eran infinitamente más importantes que los dogmas ciegos del Cónclave. Se inclinó respetuosamente ante Zeratul, proponiendo dejar atrás la antigua hostilidad y luchar contra los Zerg como un único pueblo Protoss, sembrando así la semilla de una nueva unión.

Una operación de rescate más allá de los viejos rencores

🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Los Fanáticos Khalai y los Templarios Tétricos Nerazim luchan codo con codo contra los Zerg para asegurar su evacuación de Char.
🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Los Fanáticos Khalai y los Templarios Tétricos Nerazim luchan codo con codo contra los Zerg para asegurar su evacuación de Char.

Aunque la determinación del Ejecutor evitó una guerra civil, el Enjambre Zerg no les dio tregua. Al detectar el desembarco de una fuerza masiva, los Zerg de Char brotaron de la tierra por doquier, rodeando al equipo de rescate. Enormes gusanos Nydus vomitaban tropas emitiendo chillidos espantosos, por lo que el Ejecutor ordenó la retirada inmediata.

En ese instante, se produjo un espectáculo asombroso. Los fanáticos Khalai y los Templarios Tétricos, superando milenios de antagonismo, se colocaron espalda con espalda y cargaron contra la horda Zerg. Las hojas psiónicas azules y las hojas de distorsión verdes se cruzaron en una danza mortal, y sus energías opuestas se armonizaron de forma singular para masacrar a los enemigos, demostrando que el verdadero poder reside en la unión y no en la división.

El estilo de combate de Zeratul y los Templarios Tétricos impresionó profundamente a los guerreros Khalai. Ocultándose en las sombras, se deslizaban silenciosamente hacia los puntos ciegos del enemigo para asestar golpes mortales. Incluso los pesados ultraliscos caían abatidos al recibir un tajo preciso en sus puntos vitales. Los elegantes movimientos de los Templarios Tétricos cubrieron con eficacia la retaguardia de los aliados en retirada.

Los incursores de Raynor también aportaron una gran ayuda a la operación de rescate. Los tanques de asedio desplegaron sus cañones en las colinas y descargaron un poder de fuego devastador que desintegró las densas formaciones Zerg, mientras los marines disparaban sus fusiles Gauss sin descanso para asegurar una zona segura alrededor de las lanzaderas. Gracias a una coordinación perfecta que trascendía especies e ideologías, los supervivientes pudieron embarcar sin sufrir bajas catastróficas.

La compuerta de la última lanzadera se cerró y los motores rugieron escupiendo fuego. Mientras las enormes naves ascendían hacia la órbita atravesando las nubes de ceniza volcánica, miles de mutaliscos las persiguieron desde tierra, pero se vieron obligados a desistir ante la feroz interceptación de los cazas de escolta. El Ejecutor suspiró aliviado en el puente de mando, aunque su semblante no tardó en ensombrecerse.

Tassadar contemplaba pensativo la superficie rojiza de Char que se alejaba a través del ventanal. Sabía mejor que nadie que, aunque la batalla allí había concluido, la verdadera guerra apenas comenzaba. Su hogar, Aiur, seguía sufriendo bajo el terrible dominio de la Supermente, y lo que les aguardaba era la ira ciega del Cónclave y la tragedia de un conflicto fratricida.

Zeratul también se acercó a Tassadar y contempló el cosmos en silencio. Con solo una mirada, ambos héroes comprendieron la pesada carga que compartían. Decidieron sepultar todos los rencores y malentendidos del pasado en el Vacío, reafirmando su voluntad de recuperar su hogar bajo el único nombre de los Protoss. Al observar sus firmes siluetas, el Ejecutor se prometió a sí mismo no perder jamás la esperanza.

Todas las naves de la flota abandonaron el campo gravitatorio de Char y completaron los preparativos para el salto hiperespacial. Con una orden breve y firme del Ejecutor, el vasto espacio se distorsionó y se abrió una brecha dimensional de luz azul. La flota, que transportaba a Protoss, Terran y Templarios Tétricos, dejó atrás aquel espantoso infierno y comenzó a avanzar a la velocidad de la luz hacia su herido hogar, Aiur.

Las heridas de Aiur y la profunda división

🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Tassadar y Zeratul se paran en el puente de la nave espacial, mirando a un Aiur cicatrizado y un holograma de Aldaris.
🎨 [Ilustración reconstruida por IA] Tassadar y Zeratul se paran en el puente de la nave espacial, mirando a un Aiur cicatrizado y un holograma de Aldaris.

Cuando el destello azul del salto dimensional se disipó y la silueta de Aiur apareció tras el ventanal de la nave insignia, un pesado silencio se apoderó del puente. El planeta esmeralda, que alguna vez fuera el más hermoso del universo, yacía ahora cubierto por un horrible biomanto, asemejándose a un cadáver en descomposición. Columnas de humo negro se elevaban por toda la atmósfera y los templos sagrados se derrumbaban en ruinas.

Tassadar y Zeratul soltaron un profundo suspiro al contemplar la devastación de Aiur proyectada sobre la mesa holográfica. La Supermente ya había extendido sus tentáculos hasta lo más profundo de la corteza planetaria para echar raíces, y a su alrededor, una incontable multitud del Enjambre Zerg había establecido múltiples líneas de defensa. Destruir aquella colosal masa de maldad de inmediato parecía una tarea imposible.

Sin embargo, lo que más pesaba en el corazón del Ejecutor no era el abrumador poderío de los Zerg. Se enfrentaba a la terrible realidad de que el mayor obstáculo en la batalla venidera no sería el enemigo, sino su propio liderazgo: el Cónclave. Era impensable que el Cónclave diera una cálida bienvenida a Tassadar, quien regresaba acompañado por los Templarios Tétricos, lo que significaba el inminente estallido de una guerra civil.

Los temores del Ejecutor se materializaron de inmediato. La fría voz del Juez Aldaris resonó a través de los canales de comunicación de la flota. Aldaris exigió el desarme inmediato y la rendición, acusando a Tassadar de conspirar con herejes para profanar el suelo sagrado de Aiur. Su voz destilaba un odio hacia quienes violaban los dogmas mucho más intenso que su ira contra los Zerg.

Tassadar intentó apelar a la verdad comunicándose con Aldaris con voz serena. Le explicó encarecidamente que solo la energía del Vacío de Zeratul podía destruir de forma permanente a la Supermente y a los Cerebrados, y que era momento de dejar a un lado las diferencias ideológicas para unir fuerzas. Sin embargo, Aldaris tachó las palabras de Tassadar de sofismas de un ser corrupto e interrumpió la comunicación unilateralmente.

La trágica realidad de los Protoss, obligados a enfrentarse entre sí debido a conflictos ideológicos internos a pesar de tener ante sus ojos a su mayor enemigo, sumió a todos en el puente en una profunda tristeza. Incluso Jim Raynor chasqueó la lengua ante tan absurda situación, criticando la obstinación ciega de los líderes Protoss. La ceguera del Cónclave, dispuesto a destruir con sus propias manos la única esperanza de salvar a su especie, resultaba letal.

El dragón de Fenix, que había observado la situación en silencio, dio un paso al frente emitiendo un sordo sonido metálico. Su cuerpo frío, confinado dentro de la máquina, representaba las heridas imborrables que aquella terrible guerra había infligido a los Protoss. Fenix envió su apoyo incondicional al Ejecutor y a Tassadar a través del Khala, transmitiendo su convicción de que la supervivencia de su pueblo primaba sobre las antiguas leyes del Cónclave.

Con mirada resuelta, el Ejecutor ordenó el estado de alerta de combate a toda la flota. Se encontraban ahora en la desesperada situación de tener que luchar simultáneamente no solo contra los horribles monstruos alienígenas, sino también contra la flota de sus propios hermanos, quienes los habían declarado traidores. Mientras la Supermente continuaba latiendo de forma espantosa en el corazón de Aiur, la nave insignia atravesó la atmósfera, adentrándose en el inevitable torbellino de la guerra civil.

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피닉스가 용기병이 되는 과정은 언제 봐도 마음이 아프네요. 그래도 그 굳건한 정신은 기계 몸 안에서도 여전해서 다행이에요! 🤖

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