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Electronic Arts ha cerrado BioWare, un estudio con un legado de 30 años. Este cierre coincide con 400 despidos en toda la editorial.
La decisión sigue a una compra de Electronic Arts por parte de una firma de capital privado, un proceso que prioriza la reducción de deuda mediante medidas de recorte de costes. El último lanzamiento del estudio, Dragon Age: The Veilguard, se describe como un "monstruo tambaleante y cosido a retazos" que refleja años de dirección creativa inconsistente. El crítico señala que el juego es un "desastre fascinante" que presenta tanto una escritura magnífica como diálogos descuidados y sin editar.
Estos problemas se derivan de los orígenes del proyecto como un título de servicio en vivo antes de ser reelaborado apresuradamente. El crítico atribuye el declive del estudio a una década de interferencia ejecutiva y persecución de tendencias. Aunque el personal creativo seguía siendo talentoso, la falta de estabilidad y una dirección clara impidió que el estudio replicara el éxito de títulos anteriores como Dragon Age: Inquisition.
La cancelación de un nuevo juego de Mass Effect, que había estado en desarrollo inicial durante casi seis años, destaca aún más la desconexión entre la producción del estudio y los intereses de sus propietarios. Este cierre se enmarca como un patrón familiar de la industria donde estudios talentosos son vaciados por una mala gestión. El autor argumenta que la pérdida de BioWare no es una sorpresa, sino un resultado predecible de priorizar las métricas financieras a corto plazo sobre la estabilidad creativa necesaria para el desarrollo de juegos de alta calidad.


