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A principios de los noventa, Square diagnosticó que los juegos de rol japoneses eran considerados demasiado complejos por el público occidental, mientras que el género experimentaba un éxito exponencial en su país de origen. Para solucionar esto, Square ofreció un producto de nivel básico vendido a 40 dólares en Estados Unidos, lo que suponía la mitad del precio de Final Fantasy II.
Desarrollado por la sucursal de Square en Osaka bajo la dirección de Chihiro Fujioka, el título tiene más en común con Final Fantasy Legend III de GameBoy que con la serie principal. El proyecto presentaba una historia deliberadamente minimalista e infantil sobre la recuperación de cuatro cristales elementales, que contaba con un guion muy reducido según Ted Woolsey.
La jugabilidad divergió significativamente debido a la ausencia de exploración libre en un mapa del mundo y encuentros aleatorios, reemplazándolos por enemigos visibles fijos y caminos predefinidos. Los jugadores podían guardar en cualquier lugar, reiniciar las batallas sin penalización al perder y gestionar grupos limitados a dos miembros donde el equipo se actualizaba automáticamente.
El lanzamiento no logró su objetivo principal, decepcionando a los fans convertidos que lo vieron como algo condescendiente y fracasando al mismo tiempo en captar al mercado occidental más amplio. No obstante, tiene una importancia histórica en Europa como el primer juego con la marca Final Fantasy en llegar a la región, publicado por Nintendo.


