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El lanzamiento en 1982 de E.T. the Extra-Terrestrial para la Atari 2600 es recordado ampliamente como un fracaso catastrófico que provocó una crisis financiera masiva para Atari y contribuyó al colapso de la industria de los videojuegos en Norteamérica en 1983. Impulsada por el exceso de confianza tras el éxito mundial de la película, Atari obtuvo la licencia por entre 20 y 22 millones de dólares.

El desarrollo se vio gravemente comprometido por una fecha límite imposible establecida por el CEO Ray Kassar. El programador Howard Scott Warshaw se vio obligado a completar todo el proceso de diseño y codificación en solo cinco semanas, una fracción de su ciclo de desarrollo habitual de cinco a nueve meses, para asegurar que el juego llegara a las tiendas para la temporada navideña. La jugabilidad resultante fue criticada por ser frustrante y confusa.

Los jugadores luchaban con controles que no respondían y un diseño de niveles lleno de pozos de los que era difícil salir. Estos defectos técnicos, combinados con agentes del FBI persistentes y gráficos pobres, llevaron a una decepción generalizada de los consumidores después de que se vendieran inicialmente 1,5 millones de copias.

Atari produjo 5 millones de copias, superando con creces el número de consolas en circulación. Tras el colapso del mercado, millones de cartuchos sin vender fueron desechados. Aunque durante mucho tiempo se consideró una leyenda urbana, el entierro de estos juegos en Alamogordo, Nuevo México, fue confirmado en abril de 2014 cuando un equipo de documentalistas excavó el sitio, proporcionando evidencia física del fracaso corporativo.

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